jueves, 10 de junio de 2010

Pago del Vicario: Una noche junto al Guadiana




Pago del Vicario, situada a unos 9 kilómetros de Ciudad Real, tiene para mí un alto contenido sentimental al ser la primera bodega que yo visité con Belén, Aurora y Fernando hace casi un año, pero no por este hecho vayáis a pensar que lo que voy a decir a continuación es menos real de lo que podáis imaginar.

Las 29 parcelas que componen el pago se encuentran a los pies de los Montes de Toledo, separadas de estos por un río Guadiana que se encuentra magnífico en estas fechas y que sin duda es el responsable de la muy diversa paleta de colores de la que se puede disfrutar en la zona. Los atardeceres en el pago, envueltos en los vapores del río, con el sonido del viento, el ajetreo de los animales y el pausado vuelo de las cigüeñas, en ese momento en el que los montes enrojecen los cielos, deberían ser de contemplación obligada en las visitas, pues de alguna manera quedan impresos en el aroma, el color y el sabor de los vinos que allí elaboran. No en vano la forma de la bodega es un catalejo, pues, además de simbolizar las distintas fases por las que pasa la uva, en ese viaje que va desde el viñedo hasta la copa, parece invitarnos a disfrutar del singular paisaje que nos rodea.



Obviamente, detrás ha de haber todo un equipo comprometido con la difícil tarea de conseguir que un vino cumpla con las expectativas de la mayoría, y las expectativas son muy altas: una tarde agradable con los amigos, una cena romántica, la celebración de un evento único, como una comunión o un bautizo, el cierre de un negocio, y un sinfín de momentos irrepetibles que deseamos compartir disfrutando de un buen vino. Yo, en aquella primera visita inolvidable, tuve la suerte de conocer en concreto a la enóloga del Pago, Susana López Mendiondo, a la que desde aquí felicitamos (tanto a ella como al resto del equipo, dirigido por la familia Barco) por el fruto de su pasión y a la que personalmente mando un par de besos.



Y sin más os dejo con la cata que hicimos recientemente en su sala de barricas, junto al restaurante. Allí estuvimos Belén, Aurora, Fernando y yo con nuestros amigos Miguel y María, y catamos un Blanco de Tempranillo, un vino blanco obtenido de uva tinta, y un Rosado Petit Verdot, ambos de la añada 2009. Esperamos sinceramente que os guste.

Escucha la cata

1 comentarios:

Miguel Angel Bajo Cabezas dijo...

Gran noche acompañada de grandes vinos y de grandes amigos.Que más se le puede pedir a la vida.
Un abrazo del catador anonimo.

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